12 de marzo de 2016

Que me espere sentado

...la bandera americana en la Luna".
Soleada mañana, bonitos trajes, delicada misión. Tocha al volante y Robledo, Bledo, al lado. Encontrar a la mujer del jefe se nos antojaba como buscar una estrella en el firmamento. Un brunch en la cafetería Apolo XI fue la primera pista. La segunda, el tique del Alta Velocidad con parada en Supernova, grandes almacenes con precios a años luz de la competencia. La nube de asteroides uniformados que la rodeaban delataron su presencia. Señora, el jefe… Señores, al jefe… Tocha y Bledo impelieron los asteroides uniformados al espacio profundo y a la mujer del jefe adentro del ascensor. Una vocecilla dijo: puerta se cierra… La entrepierna de Bledo acusó el golpe: guapa, rubia y contundente, pensó constreñido por el dolor. Las narices de Tocha salpicaron de granate sus impolutas camisas: uno ochenta y noventa kilos, le calculó intentando contener la hemorragia. Yo me quedé más tieso que la bandera americana en la Luna…  Señora, el jefe… La vocecilla: puerta, se abre… Posó el pie en Últimas Novedades como si conquistara Marte, se toqueteó el flequillo ante un expositor, y los asteroides uniformados se sintieron atraídos nuevamente por su extrema gravedad. Sentado, Carlete, dile que me espere sentado…

9 de marzo de 2016

Va a ser eso

Ja, ja...
Serán solo cien palabras. Vienes y cuentas un cuento en cien palabras. Vaya, gracias, no me lo esperaba. No te digo que si lo esperabas o no, sino que vengas y cuentes un cuento en cien palabras. Sí, sí, te lo agradezco, pero me pillas un poco de sopetón. Da igual que te pille o no de sopetón, lo que digo es que vengas y cuentes un cuento en cien palabras. Aaah, ya… Va a ser eso, ja, ja, ¿en cien palabras, no? Venga, hombre, dale otra vez… ja, ja. Y dale que te pego… Eso me lo contaba mi vieja de pequeño, ja, ja, casi no me acordaba…

17 de febrero de 2016

La teoría del círculo.

¡Ay!, cuánta razón tienes, Cicerón...
Era de los pocos detectives honrados que quedaban en la ciudad. Honrado... Sonreía imaginando que su tarjeta pusiera: Manel Umpiérrez, detective honrado. Tenía una teoría explicativa que la llamaba del círculo. Un círculo era el de las lamentaciones: nacías, crecías y morías honrado. Otro, el del limbo: al principio te aportaba no sabías qué, y terminabas sospechando que eras tonto de remate. También estaba el del péndulo: si quieres ser honrado, no aspires a nada, y como aspires a algo, dejas de ser honrado. No había escapatoria. O quizá sí. Cerró la oficina y salió a comprar lotería. Podría tener suerte y romper el círculo. Si no, seguiría siendo honrado.

31 de enero de 2016

Olivia en las ondas

¿Olivia?
A las ocho en punto estaba clavada ante las puertas del estudio repitiendo por enésima vez Paca poco coco compra. Pulsé el timbre y esperé practicando con Manolo Medina mima el minino, Manolo… ¿Sí, a quién tengo el honor?, se oyó por el portero. Soy yo. ¿Y quién eres tú, mi niña? Olivia, venía por la locución, ¿recuerda? Sí, sí…, esta cabeza mía. Oye… ¿no habrás traído un gato? Nooo, que vaaa, me apresuré a responder. Miré atrás por si venía alguno, subí al ascensor y pensé en erre, cigarro, barril y ruedas de ferrocarril, perro prreferrí dejarrlo ahí. Toc, toc, hola, venía por… ¡Qué mona!, pasa, estás contratada. ¿Estoy contratada? Sí, guapa, por setecientos euros. Habíamos dicho ochocientos. Pues ochocientos, corazón, faltaba más... Bueno, vale jefa. Entonces… ¿Entonces qué, cielo? ¿Empiezo ya? Claro, estás tardando; mira, aquí tienes el micro, allá está el reloj y el guion… ¿dónde está el guion…? ¿Será este, jefa? Ese mismo es; ah, Olivia, lo del gato… es que soy... ¿Alérgica, jefa? Sí, alérgica; eres un sol, Olivia, y llámame Olga, seremos amigas. Lo estoy deseando, Olga, acepté de buena gana. Bueno, basta de cháchara, concluyó al encenderse la luz roja: que estás en las ondas.

27 de enero de 2016

Matrícula gratuita

Aula municipal de segunda oportunidad
En qué momento de la educación de su niña habían empezado a equivocarse fue el tema del debate. Las asistentes empezaron a tomar sorbitos de agua al confirmarles que fue cuando le concedieron todos los privilegios y ninguna responsabilidad. Tuvieron que abrir las ventanas y dejar correr el aire con la dejación de tareas escolares, el incumplimiento de horarios, los noviazgos prematuros y las amistades peligrosas. Al enterarse de que además se trataba de cuando se abandonaron los estudios universitarios, se explicaron de golpe qué pintaba un desfibrilador en la clausura del Cursillo de Segunda Oportunidad para Familias Escolarmente Fracasadas, promovido por la Concejalía de Apoyo Familiar Incondicional.

6 de enero de 2016

¿Cuándo fue?

¿En qué momento habían empezado a equivocarse?
En qué momento de la educación de su niña habían empezado a equivocarse, se preguntaron mamá y papá gato. ¿Cuándo fue? ¿Cuándo dejaron de regañarla por hacer la caquita fuera de la arena? ¿O  cuándo le permitieron pasar días y días tumbada al sol? Quizá fue cuándo empezó a salir y entrar de la gatera sin rendir cuentas. O tal vez tuvo la culpa aquel odioso juego, Call of Ball, con el que pasaba horas y horas ensimismada... Miau, maulló mamá gato: darle todo sin pedir nada.  Si, remató papá gato, un pésimo ejercicio de paternidad. Y ahora que está el daño hecho, pensaron los dos, ¿cazará ratones?

18 de diciembre de 2015

Noviembre


Van a ir a comprarse unos zapatos nuevos y un helado. La madre y la hija. Las dos. ¡Cuánto tiempo hacía que no salían juntas! Los zapatos: rojos, para estar guapas por fuera, y el helado: de fresa, para refrescarse por dentro. Adiós, dijeron; atrás, miraron... Lanzaron un beso volado y asiendo los bolsos por las bandoleras enfilaron hacia la cafetería de enfrente primero, y a la tienda de la esquina después, dispuestas a disfrutar de aquel espléndido día del año quince. ¡Qué más se podía pedir!

7 de diciembre de 2015

La DGT no perdona

La  DGT no perdona.
Las besa con suma conciencia para no equivocarse, las santigua tres veces con el pulgar y frota en el pantalón la pata de conejo y la cabeza de ajo antes de guardarlas en el bolsillo. A ver, se dice a continuación, ato el cinturón, regulo el retrovisor, meto la primera y… ¡Stop!, interrumpe el instructor, no salga usted, está suspendido. Otra vez, replica airado, pero si no he salido… La cartera, indica el instructor, no ha comprobado el dinero para las multas de tráfico de hoy. De cualquier tiesto puede brotar un policía que le multará por algo. Recuerde… Si, si, acepta de mala gana, ya sé, la DGT no perdona.

Con cara de ángel

Para que hacen falta amigos...
Vuelven a dejarlos debajo de la cama junto a los zapatos, empujándolos hacia atrás con los talones para alejarse de ellos, para contrarrestar sus efectos, para aliviar la tensión acumulada durante el día. Saben que volverán por la mañana, los que les han tocado en suerte y los que les han colgado como un sambenito. Son unos supervivientes. Deberían plantarles cara. Y los otros están ahí, como si no hubiera pasado nada, como si fuera lo más natural del mundo. Míralos, no se cansan de tanta intriga, prejuicio y maledicencia. ¡Ja!, para que hacen falta enemigos con compañeros como esos. Deberían tomarse unas vacaciones para descansar de ellos mismos.

8 de noviembre de 2015

Cántala otra vez, Frank

We live a life that´s full...
Oiga, señor... Urgió la joven enfermera de guardia, es su mujer. Pregunta por Frank y pide que se la cante otra vez, ¿usted entiende? ...Frank, me llamo Frank, como el cantante. Me acerqué a la cama y, con una sonrisa cómplice, le susurré We lived a life that´s full. ¡Qué bonito!, y en inglés, prosiguió la sanitaria, ¿usted también fue cantante, o algo? Negué con la cabeza y se agitaron mis pensamientos, las emociones inundaron la habitación y la memoria comprobó que nuestros recuerdos seguían allí, donde siempre habían estado. Miré de soslayo a la enfermera que observaba inmóvil desde la puerta y, cuando busqué de nuevo los ojos de mi mujer para intentar juntos el We did it our way, presente, pasado y futuro coincidieron en el tiempo. We've loved, we've laughed and cried murmuré mientras la besaba en la frente y la despedía hasta mañana... Ay, lo siento, señor Frank, se ve que la quería usted mucho. Jopé, si mi novio me quisiera la mitad de lo que la quiere... la quiso usted, otro gallo me cantaba. Quizá, mi niña, quizá, insinué sin fuerzas. Y ni siquiera sabe tararear nada, continuó. Jopé, jopé, mañana lo dejo.