18 de noviembre de 2017

No es para tanto

A mi modo de ver, llegó con más convicción de la necesaria. Aparcó con dos volantazos, echó el pie a tierra y desembarcó como aquel general romano en África: visualizando problemas aun por venir. Ahora que lo pienso, ni siquiera pestañeaba. Sacó, cargadísima, su maleta de moda, alargó de un tirón el asa extensible de esta, y la plantó sobre el asfalto como el estandarte de la séptima legión: SPQR. Cerró la puerta del vehículo con un golpe de mano, presionó el mando a distancia por encima del hombro, güic-güic, y a zancadas, arrastrando sobre ruedas sus didácticas pertenencias, enfiló la calle hacia el acuartelamiento situado veinte metros más allá. La conserje esquivó la carga como pudo y él, sirviéndose del impulso, subió las escaleras de dos en dos hasta encontrarse frente al manípulo. Un Ave César, hubiera estado bien para la ocasión. Conectó el cañón al portátil, este a la corriente eléctrica, y encontró el pendrive –lo había puesto allí esta mañana- en el bolsillo derecho del pantalón. Venga, tropa, arengó, que esto está chupao: Tema 3, El Imperio Romano.

2 de noviembre de 2017

Deuda de sangre

Hoy zanjarían las cuentas.
Se acabó. Hoy zanjarían las cuentas. Habían pasado diez años desde lo de su hermana, pero ella no olvidaba. Sacó la asadura de la cesta y la puso en la mesa del comedor, sobre una bandeja. Abrió la ventana que daba al bosque y entreabrió la puerta de la casa, para que corriese el aire. Cogió la escopeta del armero y se apostó en la cocina, con visión directa al comedor... Lo observó entrar y acercarse a la mesa midiendo los pasos, calculando peligros, mirando atrás desconfiado. Cuando lo vio empezar a devorar el cebo, salió del escondite y se le acercó por la espalda. Lobo malo, le dijo arrastrando las palabras. La fiera se giró amenazante pero ella, lejos de amedrentarse, le metió el cañón entre las cejas y bum, por Caperuza, bum, bum. Bum.

25 de septiembre de 2017

¡Tchac!

¡Tchac!
¡Tchac!
Es alta, imponente como una montaña. Su temible hacha no la blande el más fuerte de los hombres. Tumba pinos de un solo golpe y parte troncos de un solo tajo. Le dicen “La de la leña” porque surte de madera a la población. Cuentan que un día se hartó de traer siempre la madera a casa y, ¡tchac!, le cortó la cabeza al marido de un hachazo. La semana pasada Rosario mandó a su esposo a la montaña y este desapareció. Tal vez la historia sea cierta o la montaña mágica. Esta mañana Socorro le dijo al suyo que fuera a por leña y, quién sabe, quizá a esta hora… 

17 de septiembre de 2017

Selección de personal

"Los de la CIA...
Interrumpieron la clase sin avisar y se presentaron como un grupo de investigación. Parecían pinceles: traje, corbata, peluquería… Pidieron voluntarios y levanté la mano. Me pusieron unas gafas virtuales y vi un montonazo de gente entrando y saliendo de un aeropuerto. Me dijeron que debía elegir: a) los pasajeros que entraban, o b) los que salían. Los que se iban andaban a pasitos cortos, como en procesión, pasaban los controles de seguridad cabizbajos y se esfumaban sin dejar rastro. Los que llegaban lo hacían bajo la influencia mágica de algo, o de alguien, porque estaban más contentos que unas pascuas y se reían por nada. ¿Adivinan a quién elegí? Los de la CIA escribieron en su libreta: “Imprevisible, aventurero e irracional. Sirve más para la farándula que para el espionaje”. 

16 de septiembre de 2017

Tardía vocación

"Aquí yace Agapito...
Su mujer falleció de repente. Pasado el trance, comenzó a escribir epitafios que leía ante su tumba: Te fuiste y yo me quedé, recitaba haciendo una pausa en fuiste para acentuar el dramatismo. O también: Tú estás dentro y yo aquí fuera, enfatizando dentro y fuera para destacar la mágica diferencia entre estar metida en un cajón y respirar aire fresco. Tanto emocionaron las declamaciones al vecindario que, una hoy y otro mañana, empezaron a pedirle epitafios que el ya insigne literato redactaba con sinigual maestría. Viéndoselas venir y temiendo que nadie escribiera el suyo, entregó al cura un soberbio pareado para esculpir -todavía no, padre, cuando muera- en su lápida de mármol: Aquí yace Agapito, y su mujer al ladito.

9 de junio de 2017

Por un problema de comprensión lectora.

¡Adiós, Richi!
Con un lacito. Así estaba atado el paquete sobre la mesa de noche. Quiso desatarlo como se deshacen los lazos, pero acabó estirando de todas partes. Para ser un libro pesaba poco. Debía contener algunas fotos. La primera página estaba en blanco. Vaya por Dios, las fotos vendrían luego. Pasó la hoja y en la segunda leyó Para Richi. Pues claro, ¿para quién si no? Pasó la segunda página esperando ver las fotos en la tercera, pero en su lugar había un Lo he intentado. A lo mejor había intentado hacer algo y le salió mal. ¿Quién sabe? Pasó la tercera y en la cuarta encontró Fue bonito mientras duró. Seguro que el concierto de Maná, o la semana en Canarias, le supieron a poco. Ya volverían en otra ocasión. Pasó la cuarta con serias dudas sobre las fotos. Adiós Richi, seguiremos siendo amigos, figuraba en la quinta. ¿Adiós? No le había dicho que fuera a ninguna parte. Y con respecto a los amigos, tenían muchos y, pfff, ahora no los iban a perder todos. De lo que estuvo seguro era de que no iban a haber fotos. Pensó que la última página estaría en blanco, como la primera, pero en letras bien grandes ponía Qué me voy, Richi, me-voy. No puedo vivir con alguien de tan baja comprensión lectora.

23 de abril de 2017

Todos son tontos

Frankenstein, el Hombre del Saco, Drácula...
Frankenstein fue el primero en llegar.  Encontró la puerta abierta y se acomodó en el fondo del armario, dejando espacio a los que estaban por venir. A continuación llegó el Hombre del Saco, sudando, porque había intentado atrapar a unos mocosos que se le escaparon de las manos por muy poco. Más tarde, al anochecer, apareció Drácula volando por la ventana. Visto el poco espacio que quedaba, se colgó del perchero con las piernas para arriba y la cabeza para abajo.  Al Coco nadie lo había visto nunca y, como aparte de feo, no sabían si era gordo, flaco, alto o bajo, decidieron reservarle el gavetero para él solo, suponiendo que cupiera allí –y si no, haber venido antes-. El último en llegar, ¡auuu!, fue el lobo, ¡auuu!, al que oyeron aullar a lo lejos y le hicieron sitio para que se echara entre zapatos y pantuflas, y no pisarle el rabo. Cuando estuvieron todos dentro, se miraron unos a otros y se preguntaron qué hacían allí tan apretados. Franky sacó su invitación y leyó en voz alta: “Hola, señores amedrentadores. Quedan todos invitados a una reunión en el ropero de Juan sin miedo, el martes 13, en la calle Embaucadores, sin número 7, a la hora de irse a dormir. Firmado: JSM”, y en ese momento vieron como Juan cerraba el mueble con dos vueltas de llave y una cadena con dos candados, por si fallaba uno, y decía algo así como "Hay que ver lo simples que son, mira que dejarse atrapar de esta forma. A partir de ahora la peña podrá dormir tranquila con todos estos tontos a buen recaudo".

17 de abril de 2017

Tacón, tenis, china.

"...alineaba cochecitos..."
Encendió el tablet y abrió el archivo. ¿Ya estás pegado?, masculló su mujer. Él buscó sus ojos y torció el gesto, confirmando lo evidente. Se metió en la historia e imaginó una niñita con poderes y padres detestables que acaba siendo adoptada por su cándida maestra… Su mujer trataba problemas escolares y contaba casos como el del niño que alineaba chapas, cochecitos y zapatos (los de su madre): tacón-tenis-china, tacón-tenis-china. Volvió a su  historia e imaginó un ogro que rescata a una princesa para recuperar su ciénaga… Otro caso que contaba su compañera era el de una chica desprotegida que asumía roles autoritarios: “Soy la directora”, decía, poniendo gesto adusto y brazos en jarra. Por enésima vez retomó su  historia y pensó en una hacker que abrasa a su padre con una cerilla y un bidón de gasolina… Su pareja también contaba el caso de Ray, al que preguntó qué animal tenía cuatro patas y hacia guau, y contestó que un hipopótamo porque su capacidad atencional daba justo para dos palabras: cuatro y patas. No, definitivamente no tenía historia ni personaje. Cerró el archivo sin guardar cambios y apagó el tablet presionando tres segundos la tecla off.

22 de enero de 2017

Pa

"Tengo un hijo que me llama pa
Tengo un hijo que me llama pa: ¡oye, pa! Si llega y encuentra el router funcionando, entra en su habitación y no sale. Bueno, también entra al baño y no sale, entra a la ducha y no sale… pero eso es diferente. Tiene un perro al que puso TP Link. De repente sale -mi hijo-, le echa de comer a TP Link –el perro- y vuelve a entrar –en su habitación-. Esto lo hace en cuestión de segundos: un, dos, tres… También hace las tareas muy rápido. Esto si lo hace igual de rápido que echarle de comer al perro. Yo le pregunto si las tiene hechas –las tareas- y él me dice que sí, que claro que las tengo hechas, jo, para qué preguntas eso, pa. Siempre da los buenos días, buenas tardes y buenas noches. A veces me pregunta cómo estás, o cómo te ha ido hoy, pa. A las dos preguntas le respondo que bien, que me ha ido bien, gracias, y parece conformarse. Por eso dicen de él que es un gran chico, aunque suele tener malas moscas. Yo le digo que es por los videojuegos, que se pasa muchas horas jugando, pero él insiste con el yo controlo pa, tu no lo entiendes, jo. Y me quedo pensando si será verdad, si es que no lo entiendo, con cara de no entenderlo.

20 de noviembre de 2016

A sus puestos, listos..., ¡ya!

A sus puestos, listos...
Silvestre, mira lo que está pasando ahí abajo, le dijo. No puedo estar en todas, contestó. Tú mira, insistió, y Silvestre miró abajo. Salamanca era un hervidero de luciérnagas pululando por todas partes, consultando sus cronómetros a la luz de la luna, buscando a alguien en algún sitio. Y fueron a encontrarlo a él entre las nubes. Cuando lo vieron, se armó un jaleo impresionante y una deportista flaca, agitando los brazos, le gritó: ¡Eh,San Silvestre, el de la pistola no ha venido! ¿Qué?, preguntó el santo sin creerse lo que había oído. ¡El de la pistola, que no ha venido!, le repitió la deportista. San Silvestre hizo un gesto de calma urbi et orbi y asiendo una bandera por el palo les indicó que se dirigieran a sus puestos. El gentío, entusiasmado, tomó posiciones a la voz de listos. Lentamente, San Silvestre acabó de levantar la bandera y la bajó de golpe, gritando al tiempo: ¡ya!