3 de febrero de 2017

Nanay

Miró la hora en la pantalla y la fecha en el calendario: las 9am del 9 de enero. Se consideraba un policía dispuesto a echar una mano arrestando golfos callejeros o desmantelando bandas organizadas, tanto le daba. Pero aquella infinita disposición de ánimo derivó en costumbre y la costumbre en etiqueta. Por la comisaría empezaron a llamarlo La Fuerza, y para más inri, su mujer le preguntó si estaba ayudando a los de la brigada canina, porque se le estaba poniendo la cara de perro. De modo que el lunes 9, a las 9am., cuando le pidieron reforzar en la manifestación, les contestó que nanay, que reforzara la nueva, y bla, bla, bla… ¿Oye, pero? Ni perros ni gatos, les espetó, y como viera que se quedaban pasmados esperando no se sabe a qué, él mismo preguntó a Isabel -la nueva- si le importaba reforzar, Isabel que reforzaría lo que hubiera que reforzar, Maldonado que gracias Isa, Isa que gracias Maldo, y Maldo que asunto solucionado, tíos. Se giró en la silla para seguir en lo que estaba y se sorprendió canturreando un colorín colorado, esta historia se acabó antes de haber empezado. ¿Cara de perro, yo? ¡Ja!

22 de enero de 2017

Pa

"Tengo un hijo que me llama pa
Tengo un hijo que me llama pa: ¡oye, pa! Si llega y encuentra el router funcionando, entra en su habitación y no sale. Bueno, también entra al baño y no sale, entra a la ducha y no sale… pero eso es diferente. Tiene un perro al que puso TP-Link. De repente sale -mi hijo-, le echa de comer a TP-Link–el perro- y vuelve a entrar –en su habitación-. Esto lo hace en cuestión de segundos: un, dos, tres… También hace las tareas muy rápido. Esto si lo hace igual de rápido que echarle de comer al perro. Yo le pregunto si las tiene hechas –las tareas- y él me dice que sí, que claro que las tengo hechas, jo, para qué me preguntas eso, pa. Siempre da los buenos días, buenas tardes y buenas noches. Y a veces me pregunta cómo estás, o cómo te ha ido hoy, pa. A las dos preguntas le respondo que bien, que me ha ido bien, gracias, y parece conformarse. Por eso dicen de él que es un chico educado, aunque suele tener malas moscas. Yo le digo que es por los videojuegos, que se pasa muchas horas jugando, pero él insiste con el yo controlo pa, tu no lo entiendes, jo. Y me quedo pensando si será verdad, si es que no lo entiendo, con cara de no entenderlo.

20 de noviembre de 2016

A sus puestos, listos..., ¡ya!

A sus puestos, listos...
Silvestre, mira lo que está pasando ahí abajo, le dijo. No puedo estar en todas, contestó. Tú mira, insistió, y Silvestre miró abajo. Salamanca era un hervidero de luciérnagas pululando por todas partes, consultando sus cronómetros a la luz de la luna, buscando a alguien en algún sitio. Y fueron a encontrarlo a él entre las nubes. Cuando lo vieron, se armó un jaleo impresionante y una deportista flaca, agitando los brazos, le gritó: ¡Eh,San Silvestre, el de la pistola no ha venido! ¿Qué?, preguntó el santo sin creerse lo que había oído. ¡El de la pistola, que no ha venido!, le repitió la deportista. San Silvestre hizo un gesto de calma urbi et orbi y asiendo una bandera por el palo les indicó que se dirigieran a sus puestos. El gentío, entusiasmado, tomó posiciones a la voz de listos. Lentamente, San Silvestre acabó de levantar la bandera y la bajó de golpe, gritando al tiempo: ¡ya!

5 de noviembre de 2016

Tres pelos de bruja

Y ahora estamos aquí.
Público: Sí, bla, es Emi Grant, bla, bla, y su hija Thes, bla, he oído hablar de ellas, bla... ¡Chist!, que empieza.
Presentador: Silencio por favor… Les dejo con Emi Grant.
Emily Grant (EG): Serían las doce de la noche. Tenía perdido el sueño y pensé hacer algo. Cogí la escoba y… ¡booomb! Salí volando por el aire entre polvos y destellos.
Thes (Th): Sí, mami, como la bruja Piruja, tú me lo dijiste.
EG: Y después, Thes, ¿qué pasó, cariño?
Th: Me metiste en aquella mochila CE, hiciste otro conjuro mágico y ¡booomb!, salimos por la ventana con escoba y todo.
EG: Sí, ja, y fuimos a caer en medio de la calle, ja. Ja.
Th: Y de pie, mami. ¿Cómo lo hiciste?
EG: Así, tris (chascando los dedos). Y ya que estábamos allí, echamos a caminar hacia algún lugar de Europa.
Th: Y ahora estamos aquí. Miren: la escoba y la mochila.
EG: Eso es todo. Muchas gracias (…las gracias, Thes).
Th: Gracias.

Público: …En una mochila CE, plas… después de salir (¿mami?) volando por la ventana, plas… dos obuses (¿si?), plas… y ahora están aquí, en Europa, plas… (¿de verdad tienes tres pelos de bruja?), plas, plas…

2 de septiembre de 2016

Del matrimonio, Campanilla y otras ilusiones ópticas

¡Mariló, Bertín!
¡Quiquiriquí! Ostras, las seis. Ricky, Ricky, que ya tocó, digo, que ya cantó, ja, ja, la que salva tener un buen gallo. Y eso que había puesto dos despertadores. ¿Preparas café y haces unas pastas para almorzar? ¡Cocoricó!  Mariló, Bertín, arriba, hay que llegar temprano al cole, riiing… vamos, digo yo, riiing… lo que faltaba, riiing… el fijo ahora, riiing… Ricky, cógelo tú, será Adrián pidiendo dinero, riiing… ¡Quicoricó! Que me voy, hazle una transferencia a tu hijo y dale de comer a los conejos, yo ya le puse a la gata y al perrito. Para Bertín la tortuga, el canario y los pericos, y Mariló que recoja los huevos de las gallinas y los tomates de la huerta. ¡Cocoriquí! Adios-adiós, y no me esperen a comer, que tengo la mamografía en el hospital… ¿dónde habré puesto…? ni a merendar, que tengo pleno municipal… ¡aquí están! …ni a cenar, que tengo reunión del APA, del AMPA, o como se diga. ¿Por qué me meteré en tantos líos? Nos engañaron de pequeñas con el matrimonio, Campanilla y demás ilusiones ópticas. El próximo verano nos vamos a París, Lisboa… a dónde sea. ¡Quiquiriquí! No, Pavarotti, tú te quedas.

3 de agosto de 2016

Ticket to London

¡Pum!
Pisar podio iba a costarle caro. En la salida no había contacto visual y las suprarrenales secretaban adrenalina como surtidores de REPSOL… ¡Pum! Un maremágnum de ciclópeos gemelos patearon el tartán como si fueran a pillar sitio en una conferencia de Stephen Hawking: ¡Toño!, lo que faltaba (¿…?). El primer trescientos lo corrió tras los clavos de marroquíes y keniatas. Mantuvo la zancada y el segundo paso por meta lo hizo en cuarto lugar. Aumentó el ritmo pero recibió un codazo (¡ouch!) que le impidió colocarse en tercera posición: ¡Toño, cálmate ya, que me tiras de la cama! (¿Qué…?). Sonó la campana y aprovechó el tirón para hacerse con el segundo puesto. Lo peleó a muerte y al enfilar el último doscientos recibió un empellón que lo lanzó al suelo (¡cataplof!) como un fardo: ¡Ahora no, Toño, joder, que ya compré los pasajes! Ma, ¿qué le pasa a pa? Nada, Pacita, una – taque - pilético. ¿Nada?, pero si está convulsionando: ¿se va a morir? Qué va, Pacita, ni de coña, para eso trabajo en una clínica. Pero de conserje, ma, de conserje. Da igual: lo empastillamos con Depakine y de aquí, Paz, tiramos pa´ Londres como Gloria que me llamo.

17 de mayo de 2016

Más que una ventisca

La Marinera
Lo parió un velero, creció entre pantalanes y se curtió al pairo del alisio. Por aquel entonces sus amigos lo llamaban peje cuero, sentía una medusa latiéndole en el pecho y el agua salada corría por sus venas. Ahora continúa haciéndose a la vela, dice, para preservar amistades, disfrutar sensaciones y vencer al tedio. Hace unos meses le sorprendió la noche y una ventisca de descalificaciones sopló, sopló y sopló zarandeando la embarcación. ¡Vaya! Aquello le recordó el cuento del tiburón y los tres pescaítos que contaban divertidos los abuelos. Pero se sorprendió aún más al echársele encima unas envidiosas olas que pugnaron por arrebatarle el timón de sus recias manos. Y ya no fue sorpresa, sino estupor cuando, pasada la medianoche, entre cantos de tritones y sirenas, sibilinas corrientes le arrastraron hacia el Tártaro aunque, como hiciera Ulises, logró sortear derrochando esfuerzo, audacia e imaginación. Ofuscadas, ventisca, olas y corrientes arreciaron haciendo zozobrar, por fin, la Marinera. Los daños fueron irreparables y las consecuencias, dolorosas: la tripulación jamás volvió a ser la misma. No recordaba nada igual desde la Bounty. Mientras tragaba sapos y buscaba fuerzas para regresar a puerto, calentaba ya el sol en lontananza.

8 de mayo de 2016

La culpa fue de Pepe

¡Viva!, ¡viva...!
Ella no la quería y él tampoco la buscó. De repente, se encontraron una bonita amistad que no quisieron fastidiar, asunto ese que los adultos hacemos de maravilla. Cuidaron detalles, midieron palabras, calcularon bromas y pusieron puertas a los sentimientos, pero los días empezaron a resultarles cortos, las semanas breves y los meses, un suspiro. Las Navidades les parecieron frías y aburridísimos los Carnavales. Hasta Semana Santa mantuvieron la compostura, cuando las necesidades domésticas les llevaron a las puertas del mercado como si a un photocall se tratara: él pelado marine y ella con melena suelta al viento; él de vaqueros y polo, y ella de frescos estampados primaverales; él con pose a lo James Dean, pero sin moto, y ella luciendo una sonrisa como el auditorio Adán Martín. A él le pareció ridículo soltar un hola, cómo estás, y a ella patético el yo muy bien y tú, ¿qué tal?, así que sin saber muy bien cómo ni por qué, se saltaron las líneas rojas y se fundieron en un abrazo que duró, duró y duró hasta salir el sol por occidente. ¡Eso sí fue un abrazo! Poco a poco, descendieron de las puntas de los pies donde habían subido, asentaron los talones en el suelo, abrieron los ojos y dijeron sí, el mundo sigue girando. Hicieron la primera compra juntos y salieron del comercio con la sensación de haberse declarado amor eterno, para una temporada o, quizá, tan solo para un rato, el tiempo lo diría. ¿Y el lunes, cuando lleguen al trabajo, qué? Tal vez me echen la culpa a mí, a Pepe, el conserje, de que estuve pregonando por ahí: “Esos se echan antes al monte que al patio de un convento”. A decir verdad, no me importa, porque siempre lo hacen: si llueve, Pepe; si no llueve, Pepe… pero ¡caray!, si se veía venir de lejos, si lo sabía toda la planta. ¿Saben? No tengo cargos de conciencia y me alegro mucho por ellos. La vida se vive solo una vez, y no dos. ¡Hala! ¡Qué la disfruten!

7 de mayo de 2016

Chica díver

Elsa
Soy feliz. De pequeña tenía pecas y una sonrisa ¡ja, ja! en la cara. Como tardaba tanto en hacer las cosas, las educadoras me contaban cuentos, cantaban canciones y hacían toda clase de actividades habidas y por haber. Como no hablaba tan bien como otras niñas, la logopeda me enseñó a soplar globos, a beber por pajita y a repetir trabalenguas como el de Pablito, Paco y los cocos, y el de unos tigres que no estaban contentos, o algo así. Y como aprendía con más esfuerzo que los demás, me pusieron una maestra a la que llamaban Peté. Peté me enseñó a leer y a escribir, a sumar y a restar. También me enseñó algo de inglés: what is this colour? Red, is red… En el Instituto la orientadora me llamaba chica díver. Cuando le preguntaba por qué, me decía: “Porque eres divertida”. Allí conocí a un chico. Mira tú. Un chico. Nos hicimos amigos. Más que amigos, lo siguiente. Cuando empezamos a salir me ponía roja como un tomate. Por eso se me ocurrió la idea de cultivar tomates y pimientos. Huertas y huertas de tomates y pimientos que vendo en el mercadillo a dos euros el kilo los verdes, y a tres euros los rojos. En el puesto de la Colorá, me dicen, como el del timple. Soy feliz. Soy más trabajadora que muchos y más diligente que otros. Me levanto con el sol y me acuesto con los mirlos. Nadie me dice lo que tengo que hacer. Todos me quieren como si fuera su hija. Mira tú, ¡cuántos padres! Y…¡ah!, se me olvidaba, también hago mermelada con los tomates que sobran. Mmm, está muy rica. ¿Quieres probarla? 

3 de abril de 2016

Comas, puntos y paréntesis.

Vamos a comer, niños.

Deja unos puntos suspensivos para luego soltar una coma, y hacer pensar en lo que vendrá después de anotar un punto y coma; crece la tensión y se promete desvelar el desenlace a partir de este punto y seguido. Así que respira hondo y entre comillas explica brevemente a sus lectores lo que va a suceder después de los dos puntos: el relato acabará justamente con este punto final (el que está después del paréntesis).